No hay conciencia del trabajo que cuesta ser madre
Entrevista para el diario ABC, de Virginia Ródenas a Alicia E. Kaufmann.
Su estudio sobre liderazgo femenino disecciona la figura materna y da pautas para entender a nuestras madres –si aún no lo hicimos– y acompañar a nuestras hijas.

Con “Alt@ dirección” (Edit. Lid), Kaufmann indaga en la epopeya de la mujer hacia el éxito profesional: pero qué mayor reto que ser buena madre... “Esto me causaba terror. Un correo de mi hija para decirme “¡Me lo pasé tan bien contigo! Eres la mejor madre del mundo” fue mi mejor premio, como el dibujo de mi hijo con 10 años: un león, “eres fuerte como él”, escribió, junto a un gatito. Todo dicho: amor y autoridad, la clave”.

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– “Cuando todo va bien resulta maravilloso” ¿Y cuándo sucede tal cosa entre madre e hija?
– Cuando cada una, sobre todo la madre, respeta el espacio de la otra, acepta que la hija hace otras elecciones, que es distinta. La madre debe encajar que ha de ceder el primer lugar que ocupaba.

– Napoleón sostuvo que el porvenir de un hijo siempre es obra de una madre. Y eso marca.
– No. La madre puede decidir un determinado porvenir y yo para mis hijos quiero que sean felices, pero lo que a ellos les hace felices no necesariamente es lo que me lo hace a mí. Decía Simone de Beauvoir en su definición de la edad que “la adultez es la niñez inflada por la edad”, y el papel de la madre es dar herramientas a los hijos para crecer mental y emocionalmente, aunque a veces las dimensiones biológicas y emocionales suelen no coincidir. El gran placer de las madres que con tesón y paciencia realizaron esta tarea es ver que sus hijas viven sus propias vidas y no la proyección de la suya frustrada.

– Su tipología de madres pone los pelos de punta.
– Hay dos grandes grupos. Primero situaría a la madre saludable, adulta emocionalmente, que deja crecer y volar a los hijos y se alegra con su éxito; y luego está el de la madre con problemas que tampoco tuvo una madre que supo ayudarle, de donde surge una relación tremebunda de rivalidad, absorción, demandas... En esta categoría está la madre invasora, la narcisista, la culpabilizadora, la competidora que no acepta que la hija florece y ella envejece...

– ¿El que más abunda?
– La culpabilizadora. Empeora con los años. Obliga a la hija a elegir entre ser “buena hija” y quedarse adosada a ella o volar y ser “mala”.

– ¿La especie más peligrosa?
– La que no valora y estimula el crecimiento de la hija, que por su parte siempre busca –buscamos– la aprobación de nuestra madre. Porque no tenerla abre una herida emocional muy dolorosa que se queda ahí para toda la vida.

– Pues menos mal que madre sólo hay una, pensará alguna.
– En Argentina dicen “menos mal que madre sólo hay una porque si no no habría dinero para pagar al psicoanalista”.

– ¿Cómo aprendió a ser madre?
– Poco a poco, porque eso no se aprende ni en el Harvard Business School ni en el Instituto de Empresa; te lo enseña la vida, el leer mucho, repensar... Mi mayor temor fue siempre no ser una buena madre.

– ¿El gran conflicto?
– La separación, muy violenta en la adolescencia. Tanto griterío es la forma de la hija de decir “mamá, yo puedo sola”.

– Lo que ahora dicen las hijas a las madres es para qué lucharon tanto. Ya no les merece la pena.
– Estamos en otro momento histórico y la estructura social es otra. La madre de la posguerra fue muy fuerte porque o luchaba o no sobrevivía; luego está la madre del 75, en que si no luchabas tampoco hubiéramos llegado hasta aquí y la lucha de las jóvenes es otra, menos arrasadora, se preguntan quién soy, qué lugar quiero tener, qué vínculo quiero crear, qué es lo más importante para mí... Les dimos demasiado.

– ¿A las hijas no las clasifica?
– Ya vendrá... Pero yo con una ya tengo suficiente (se ríe).

– ¿Con su madre bien?
– Peor que yo con mis hijos.

– La relación mejora como la especie.
– Me lo tuve que trabajar mucho y superar el miedo a no darles a mis hijos lo necesario para crecer felices, elegir y sentirse bien en su propia piel.

– ¿Qué no ha de decirse jamás a una hija?
– Lo que suponga una comparación contigo y una devaluación de ella. Son muy vulnerables a lo que dicen sus madres.

–¡Qué difícil es esto!
–No hay conciencia del trabajo que cuesta ser madre.