Inteligencia financiera
Alicia E. Kaufmann
“El dinero … es algo que difícilmente se menciona sin disculparse de antemano”. Ralph Waldo Emerson.

La literatura económica ha considerado, el dinero como un instrumento de cambio frío e impersonal. En general se ha dicho muy poco sobre su importancia social y los vínculos que genera. Pretendemos aquí, romper con la visión tradicional del dinero como una herramienta de cambio neutral, y analizar las implicaciones, que tiene en sus distintas formas y las implicaciones que supone en la vida social.
La monetarización de la sociedad, ha sido constante en las últimas décadas.
El dinero se incorpora a casi todas las transacciones comerciales y tiene un poder innegable en la sociedad contemporánea. Economistas y sociólogos lo han definido en términos económicos. Max Weber, se refirió al dinero “como el elemento más abstracto e impersonal existente en la vida humana”, para Georg Simmel, lo importante es cuanto se tiene. Para ambos el dinero sólo facilita intercambios.

Para comprender el entramado social del dinero, Vivian Zelizer (The social meaning of money (New York Basic Bools,1994), alude a la historia del dinero en los Estados Unidos, durante los años 1870 y 1930. El estado adquiere el monopolio de la producción dineraria y se consolida cuando se añade en todos los billetes el lema “In God we trust” (Confiamos en Dios). En España, esta vinculación entre dinero y religión dura hasta la instauración de la democracia. Aún hoy circulan monedas de la época franquista en las que se puede leer el lema “Francisco Franco Caudillo de España por G. De Dios”.

En las sociedad española, actual según los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (estudio 2203) la mayor causa de infelicidad es la inseguridad material con un 53.6%. Hombres y mujeres, difieren dado que mientras que los primeros le dan un 38.3%, las segundas le otorgan 28.4%, la diferencia es de casi diez puntos entre ambos sexos. Sigmund Freud, aludía a una estructura psicológica distinta según el género, pero jamás pensó, en la entrada masiva de las mujeres en el mercado de trabajo. Menos aún, que las mujeres tomarían parte de los consejos de administración, ni que los hombres se quedarían en casa, cuidando de los niños. Los estereotipos clásicos vinculan varón con “rol de proveedor material“ y a la mujer proveedora emocional”. Así se cristaliza una imagen de amor femeneizado y de un negocio masculinizado.

Habitualmente, las preocupaciones vinculadas al dinero se relacionan con obtenerlo o administrarlo. Vivimos en la montaña rusa, de las fluctuaciones de los mercados financieros y los súbitos ascensos de los harapos a la riqueza y viceversa. En la etapa actual de la civilización, constituye la principal fuerza motriz de la vida humana. Muchos adultos se mantienen fieles a las leyes financieras que aprendieron cuando tenían diez años. De allí la importancia de desentrañar cuáles son los paradigmas mentales y emocionales que limitan el tránsito hacia la libertad financiera, y que muchas veces tienen sus raíces en la infancia o en los mensajes monetarios que se han escuchado en el hogar. El dinero es el representante material de la riqueza. Según Marx, con el dinero nace una fuerza que es el poder que genera poseerlo. Es acumulable, transferible, manipulable e inespecífico. Constituye un intermediario, cuya rentabilidad, en el mundo de los negocios, depende de mecanismos racionales, evaluaciones y planes estratégicos, de las personas o grupos que lo instrumentan. Se trata de un intercambio pautado, con el fin de obtener beneficios. Observamos la existencia de distintos dineros, a saber:

  • El invisible que orienta el consumo cotidiano más utilizado por las mujeres.

  • El dedicado a esparcimiento: No pasa inadvertido.

  • El dedicado a grandes inversiones. Otorga poder a quien lo administra, más usado por los hombres.

  • El dinero para gastos personales. Permite expresar la individualidad.

La relación entre “dinero e inteligencia financiera alude a que los padres son los primeros maestros que inculcan actitudes ante el dinero.
Detrás de los bonos, acciones e inmuebles, existe una cartera psicológica, que son las emociones vinculadas al dinero. A lo largo de la vida se heredan experiencias, que se movilizan, cada vez que se realizan transacciones monetarias. Para crecer materialmente, es necesario haber crecido antes emocionalmente. Una persona autónoma, con una elevada autoestima, puede pensar a largo plazo y no hundirse ante el primer tropiezo.

Muchas personas salen de la escuela o la universidad, con títulos, pero no salen preparados emocionalmente, para correr riesgos. La era de la información ofrece oportunidades sin precedentes para la libertad financiera Sin embargo, la formación es como en la era industrial, capacitándoles para ser empleados, en lugar de emprendedores o creadores de su propio destino.

En la economía actual, ya no es posible, que un sexo sea el guardián del conocimiento financiero y el otro tenga vivo el amor y el fuego del hogar. Para funcionar, en la vida y en la empresa y alcanzar las elevadas cotas de la productividad, todos debemos ser igualmente conocedores del lenguaje del dinero, particularmente las mujeres que muchas veces se conforman con que las reconozcan, en lugar de pedir el salario que se merecen en función de la formación que poseen.